martes, 19 de mayo de 2015

El Bardo: El efecto doppler de la experiencia

Simplificando mucho el efecto doppler se analiza cuando consideramos un observador que escucha el sonido de una fuente sonora, a medida que esta se acerca o se aleja su percepción de intensidad y forma varía. Cada experiencia es única e irrepetible, no hay dos segundos iguales y sin embargo tratamos de volver siempre a esa experiencia inicial. En la medida en que esa experiencia se aleja en el tiempo se decolora, pierde fuerza de impresión, y sin embargo parece que nos acercamos cuando nos sentimos envueltos en situaciones similares, podríamos decir que ese es el efecto doppler de la experiencia. 
Estoy de nuevo en la ciudad de Mérida, de nuevo en el bar “Las Cibeles”, entrar al bar es lo que ha tenido más sentido en este viaje, busco repetir agradables experiencias en él. Hace ya unos años que no volvía y una nota en la barra me recuerda el porqué busco darle concreción a este deseo de representarme en este momento de nuevo “Por el puro placer de volver es que uno se va”, pero todo es igual y es diferente, el bar es prácticamente el mismo, ha cambiado muy poco, y las situaciones que viví la vez pasada ya no existen, solo brillan en las sombras de mi recuerdo. 
La cerveza simula a la perfección ser la misma de hace años, ¿Cómo saberlo? Se imitan con mucha precisión. La misma espuma, fría y con ese sabor amargo embriagante, pero la memoria siempre confiesa que esto ya lo viví, pero busco recrearme, volver a sentir la experiencia de beber una cerveza fría en un bar en una ciudad ajena, con anónimos alrededor y sin un plan de contingencia, solo a la deriva. Y todo vuelve a ser nuevo, lo viejo será nuevo otra vez aunque los instantes no se repiten, las experiencias son únicas y solo nos quede re-escenificarlas en nuestro teatro íntimo para poder entenderlas. 
 Envuelto en ese pensamiento se filtraba la amena conversación de dos artesanos en el puesto de al lado en la barra, ya animado con el alcohol me intereso y me percato que estoy frente a un viajero, reconociéndome en él ya se gana mi simpatía. Veo la hora en el teléfono y me doy cuenta que si deseo agarrar el autobús a casa tendré que partir con celeridad, les invito una ronda a mis nuevos amigos pero para mi sorpresa estos no me quieren dejar ir así tan fácil. Con gran habilidad y simpatía Jaime intenta convencerme de quedarme unos días más en la ciudad, ante algunas excusas me ofrece su casa, dude en un principio, ya estaba determinado a irme pero ese deseo de volver a tener una experiencia nueva me abruma al no tener excusas solo me quedaba un sí.  
Nos tomamos un par de rondas más y decidimos empezar a movernos, Julio mi otro nuevo amigo había dejado su parche (lugar donde se coloca el trabajo para mostrar) bajo el cuidado de otro, fuimos rápidamente unas cuadras más arriba. Ahí nos encontramos con otro artesano pero de Rosario Argentina, este conversa con Jaime y le pide una chaqueta para la noche, le dice que lo siga hasta su casa, en un momento éramos una fila de hombres caminando en la ciudad. Hacemos una parada en la plaza Las Heroínas, ahí Julio apuesta con unos jóvenes en la plaza unos chicotes en un cara o sello, gana y pierde y en un triple o nada con todos los muchachos alrededor gana repartiendo con un gran sonido semejante castigo a todos ellos. Riéndonos mucho lo seguimos hasta su casa, todavía no llega la noche.  
Dejo mi bolso, el argentino se cuelga una chaqueta, y con maracas y una clave nos montamos en el transporte por cable que tiene esa zona, cantando y entonando para la noche. Le sugiero que toque De Música Ligera de Soda Stereo debido a su nacionalidad y por la ironía que tiene un argentino con un cuatro que es un instrumento típico de Venezuela tocando canciones del cono sur. También prueba un poco de Moliendo café de Hugo Blanco porque no sabe qué público diverso nos podemos encontrar. 
Conseguimos a unas chicas haciendo malabares en la plaza que se nos unen en nuestra campaña, compramos unas botellas de Canelita y comenzamos el show. Mucho bebimos y tocamos o tocamos y bebimos, otras personas se nos unieron en nuestra comparsa, y de un lugar que conocía experimentaba un momento nuevo, único con personas inéditas en mi vida, buscando un momento encontré otro que me deja deseos de volver de nuevo a repetir. 

miércoles, 15 de abril de 2015

El Bardo: Las ciudades en la luna

A todos nos toca alguna vez en la vida una visita a las ciudades en la luna, así fue decretado desde su colonización como método para mantener una permanente relación con la isla flotante que nos rodea; esta vez me toco a mí. Un maravilloso viaje en cohete hasta la sonrisa celeste no puede ser cosa ligera, de poco impacto, sentir con cada conteo regresivo una emoción en el corazón que calienta como el cohete a punto de despegar, es algo para inventar palabras.
En la luna hay dos ciudades una en el cara brillante llamada “Luma” donde se ubican todas las personas dedicadas a la subsistencia de la Luna y otra en la zona oscura llamada “Ego” donde están los científicos estudiando el espacio y la Tierra. Los visitantes somos alojados en Luma, no hay hoteles pero la hospitalidad lunenze es insuperable, me quede en casa de una familia estupenda que me llenaron de preguntas sobre la Tierra y muy agradables atenciones comenzando con una estupenda cena a la luz de la Tierra en unas terraza con techo transparente muy comunes en Luma.
La arquitectura es cuando menos sorprendente, debido a la falta de gravedad caprichosas formas se levantan sobre la faz de su orbe. Las casas por nombrar de alguna manera estas edificaciones misteriosas eran como suspiros multicolores, eran estructuras maleables que permitían a sus habitantes cambiar sus paredes simplemente modelándolas con las manos, empujando y desplazando adecuan el espacio de acuerdo a sus necesidades oportunamente. Todas ellas están interconectadas por una red de túneles de maravilla, transparentes en algunos lugares y de colores en otros que van de manera superficial. Estos contienen bicicletas para desplazarse colocadas en rieles para evitar que el vehículo salga por el aire.
El carácter natural del lunenze es meditativo y protocolar, como no hay fricción que disminuya tu accionar hay que pensar bien cada movimiento para evitar un duro golpe, esto es aplicado en todos sus ámbitos, tanto en lo social como en lo económico. Por esto sus servicios políticos como embajadores extraterrestres siempre son apreciados por su imparcialidad y espíritu cauto. Ego con mucha frecuencia es utilizada como base de reuniones para resolver conflictos entre los países y comunidades en la Tierra, además porque que la vista de la Luna hacia la Tierra hace notar la falta de fronteras dibujadas en su superficie.
La agricultura es modesta pero muy rica en variedad, Luma ha sido utilizada como un banco terráqueo de todas las semillas recogidas por los investigadores de la Tierra en una especie de barca de Noé, además de conservar un extenso y muy completo archivo del adn de las especies vivas y extintas. No suelen haber grandes festines de comidas pero la alimentación es pública y gratuita servida a toda hora en grandes salones comunes entre las casas, todos contribuyen con algo de su preparación y sin distinción son colocadas entre grandes mesones.

En los últimos días de mi estadía trabe amistad con una hermosa lunenze, su piel era brillante de un tono perlado y con unos gigantescos ojos verdes que curiosos me estudiaban me paralizaba sin poder hacer más que sonreír. Hablábamos con frecuencia de los paisajes de la Tierra y me escuchaba con una impresionante atención, luego yo le preguntaba por su familia y costumbres lunares mientras nos tomábamos un exquisito té sentados en la terraza espacial de su casa. Me sorprendió mucho que no manejaran en Luma ni en Ego el concepto de familia como algo nuclear, para ellos la familia son todos y todas las cosas.

viernes, 20 de marzo de 2015

El Bardo: Las ciudades de Guillermo

Lo esencial es invisible a los ojos pero su vibración modela lo externo, lo superficial, creando toda la estética de lo percibido. La esencia divina, el verbo original es la voz de la naturaleza, es lo que se esconde detrás de cada corteza de árbol, de cada pétalo y la inspiración de su olor, cada rayo de sol al atardecer tiene su palabra original. La naturaleza es el ángel de lo sagrado, es su reflejo, de la misma manera las ciudades al ser creación del hombre son su reflejo, reflejo del verbo humano, quizás su voz original.

El tiempo anónimo lame las paredes de la ciudad, nos acaricia con sus lenguas infinitas haciéndonos difusos, de existencia débil, convirtiéndonos en nuestra sombra y en otro muro más en este laberinto de ciudad. Día a día trabajamos en ir tallando su existencia en nuestra memoria, esculpiendo su apariencia, para que no desaparezca, hoy los muros de las calles se me antojan un laberinto a punto de existir.

Así son las ciudades de Guillermo un lugar espiritual donde solo existe el ser que deviene en arcilla, fantasma de lo que fuimos y seremos, el barrio donde vivimos es nuestra proyección colectiva de nuestro imaginario. Recorro las avenidas, las calles, los callejones, los pasillos, y el barrio con salvaje entusiasmo sabiéndome un Minotauro en su laberinto causal, comprendo que mi esencialidad esta debatiéndose permanentemente con las reglas y objetivos reguladores de mi humanidad, el cemento de las paredes, el asfalto del suelo, las señalizaciones son el arnés de mi forma social.

¿Quién será el héroe que mate al hombre, que mate al Minotauro de nuestra existencia material para irse al nuevo mundo donde nuestra animalidad no nos ate en un triste laberinto de cemento y cal? Nuestro verbo es corrompido por las yerbas salvajes que crecen en las grietas de la acera, el canto del ave urbana evoca la batalla verbal entre la voz humana de corneta con calor de motor y la lágrima natural de un trino sagrado.

Todos nos inscribimos en libro de la historia del olvido de la ciudad, con angustia los jóvenes se apuran a grabar sus nombres en las paredes, temen al seguro olvido, a la lamida del tiempo sobre nosotros, sobre las paredes. El tiempo es Teseo que busca aniquilarnos para al fin ser libre de nuestros paradigmas, de nuestras angustias por nuestra mortalidad o inmortalidad, por lo eterno de nuestra condena de ser lo que contiene nuestro verbo esencial, porque una vez aquí debemos existir y ser. Ese ser es como un trozo de arcilla en las manos de Guillermo, mientras más es modelado en su roce contra la racionalidad/cotidianidad mas anónimo se hace, mas texturas de identidad pierde.

Los anuncios en la ciudad se van desgastando con los días, no importa que sean de un político, de un técnico repara lavadora, colocación de un “draiwual”, de gane dinero sin trabajar, de un desaparecido, pronto el tiempo lavara su información y será simplemente un rasgado, un trozo de resistencia a la sin memoria, un rastro del desaparecido Minotauro.


Guillermo buscaba la ciudad perdida, pero ¿de dónde veníamos y hacia donde nos dirigimos?, ¿ puedo perderme sin saber mi objetivo?, de cualquier manera ya no importa estamos perdidos, amasa tu ser y dale forma, constrúyete de nuevo y crea de nuevo a la ciudad en la mañana, amasa la dirección de destino hasta que llegues a la ciudad original, a la que pertenecemos sin conocer, a la que nos conoce sin vernos. Vamos del verbo de la ciudad humana a la ciudad del verbo divino. Ahí nos veremos al fin del camino del ser, solo debemos seguir el hilo del alma, el hilo de oro de Ariadna.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Carnavales: Bardo Carne Levare, abandona tus carnes

Es hora de ponerse las máscaras, es tiempo de ser otro, de ser la fantasía de lo que me niego por compromiso a la norma, a la regla. Puedo ser un fantasma, un rey, un príncipe, un faraón, una escandalosa mujer, un médico, una princesa, un payaso… pero no tengo que serlo mañana, hoy a nadie importa porque es época del baile de las máscaras, día para la libertad de ser la fachada que desee sin represión ni daño a la sociedad ni a sus santas costumbres.
El origen del Carnaval no está claro, es diverso y de antigua data, lo que sí es evidente es su necesidad entre los hombres. Así lo entendió la Iglesia Católica que fue la institución que normaba la conducta moral del mundo medieval, por lo que al ver que no podía controlar estos impulsos naturales de éxtasis y embriagues se dispuso a establecer un espacio en su calendario para regular su duración a la vez de preparar a la población para el inicio de la cuaresma, temporada para la limpieza espiritual y corporal, de los excesos de la mente y el cuerpo. De ahí su nombre Carne Levare, abandonar las carnes o fiestas carnestolendas, por esta razón su fecha depende del miércoles de cenizas.
Es un espacio para la auto mitificación, puedes ser quien desees porque más vale un pájaro volando que cien en tu mano. Todo lo que posees te posee, te ata como un papagayo al niño pero en carnaval las reglas de nuestra pirámide social ya no tienen compromiso, hoy gana la horizontalidad y el papagayo puede imaginar que es un niño soñando sosteniendo a un papagayo ajustado a la tierra, al final no habrá un juicio a la realidad.
Con una máscara también el shaman cura nuestras heridas, la política y la muerte que llenan los noticieros hoy bailan juntas, el símbolo de protestas Guy Fawkes se enfrentan a un grupo de macheteros llenos de grasa en el cuerpo, este le muestra los dientes y amenaza al anónimo con peluca pero tranquilos todo es parte del show, del baile de máscaras, luego pasará el sombrero para quien disfruto de la función. Igual disfruta de esta perversión el del traje de burriquita que hace un baile típico que según dicen está mejor este año, mejoró el disfraz, ahora la burriquita echa perfume por detrás y agua por la boca, es una maravilla temporal, es una socialización de los símbolos, todo es igual a todo, pero si te esmeras en tu disfraz tendrás algunas monedas en premio.
Los zamuros dan vuelta por la ciudad tirando papelillo, hoy los gusanos son de caramelo, la bruja de los cuentos va de la mano con blanca nieves, conejos y payasos salen con sombrero sin necesidad de magia, no es una fiesta solo para niños las máscaras son para todos. Los únicos indiferentes a la mascarada son los anónimos recoge latas de aluminio, para ellos el mundo es el mismo, un desfile interminable de máscaras, para ellos es la misma indiferencia a su falta de máscara, de identidad prestada, porque ellos no pueden costearse una.
La alegría es transformada en euforia, todos son incluidos, no hay carrozas este año pero no importa esta no es una fiesta para o por las autoridades, son llamados a asistir a aquel que no quiera ser autoridad ni imponer nada que no sea papelillo en la cabeza, este es el día que la humanidad se olvida de su civilización y precintos, hoy solo se circunscribe la libertad olvidada de simplemente ser quien se quiera ser, hoy somos la fachada con un guiño del ojo, hoy te creo todo lo que dices porque mañana es otro día.

Mis carnes se elevan y me abandonan, ya llega el Miercoles de cenizas y comienza la cuaresma, he consumido la grasa moral que me excedía, queme las calorías de indecencia que me arropaban con lujuria, ahora a devenir mi corporalidad y mis malas costumbres a la santidad prestada del exilio de los placeres. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

El bardo: Antes de Carnaval, en la ciudad

La máscara se coloca antes del carnaval, las de sonrisas tristes y las tristes sonrientes son las más que se llevan en el rostro, en la cola para comprar café, leche, aceite, el chiste fácil de la burla del poder al de abajo es el nuevo imperio moral. Por razones de seguridad ud. esta siendo filmado mientras los ladrones conectados con el poder se divierten en orgías en alguna isla lejos de toda prensa o cámara molesta, de cualquier manera nadie los reconocerá detrás de sus máscaras rojas de amor de pueblo. Se disfraza la mezquindad con amor al prójimo, este se ajusta a la piel más dura.
El calor de la cola se disipa para dar paso a la noche del viernes, la gente sale de sus trabajos con el sopor de la semana acumulada, por la lucha por lo básico, pero la noche del viernes no. En una ciudad que se desmiembra en cada esquina, los hombres y mujeres de la supuesta urbanidad entran en los bares para olvidad el rigor de la calle. Anacrónico y moderno detrás de las puertas del local escasea hasta el jabón para quitarse la mugre del cuerpo pero adentro todos se miran en sus reflejos / teléfonos inteligentes y el que recién entra mira con entusiasmo el aviso de free wifi en la triste columna de espejos de entre las mesas; absurda síntesis de nuestro concepto de país potencia del mundo.
La escasez es a la medida de la mediocridad del de arriba, no faltan las nalgas falsas ni locos fanáticos mientras las noticias de un boxeo a la economía, el 1, 2 y un jab a la barbilla, se diluyen en una cerveza cara, afuera el caos, adentro la sonrisa de un selfie (nunca sabes quién te está tomando una foto). La red social o el espejo infinito, máscaras infinitas, ahí somos bellos eternamente y tenemos siempre nuestro mejor ángulo, las almuerzos son los mejores (todos deben saberlo), en mis vacaciones tuve todos mis dólares mira mi foto.
Llega otra cerveza y con una servilleta limpio el borde de la botella porque oí que las ratas se orinan en ellas porque da placer a otros. Esta era mi ciudad, ahora está llena de jóvenes con el ideal malandro en el pecho, es su orgullo ¿Qué pasó? El wifi o la manera de desparecer en mi mundo hedónico mientras estoy rodeado de gente. Veo una ridícula escultura de un prócer de la patria al lado de una manzana de decoración y mi mente juega a imaginar a Guillermo Tell disparando sobre la cabeza de tantos héroes de lo inútil, ¿donde estarían hoy si vivieran?, ¿en qué cola, la del papel toilette?, pensarlos así es terapia del desamparo.
Salgo a la calle, las paredes dicen algo diferente de lo que los medios de comunicación, estas hablan de muerte, hablan de represión, hablan de tortura, hablan de hace un año, de un febrero de protestas y golpe a la juventud. Los rostros de los jóvenes presos, de los muertos, el rostro de Bassil, y el de tantos otros que gritan justicia pero esa es una voz en mute para quien quiera oír, de quien pueda decir lo que perdemos por una harina regulada. Esa una máscara difícil de colocarse, la del conformismo, pero si dudas siempre hay un fusil listo para entusiasmarte por una revolución y siempre hay un compatriota cooperante dispuesto a denunciarte si no eres feliz con este sistema de miserias en fila, para eso es el carnaval, para eso es la fiesta de las máscaras.
Un amigo me llama, que me acerque a la plaza, que es una toma “cultural”, cuando llego una multitud de jóvenes con las mascaras de la cultura de la “calle” que no es más que la ovación al mal-andro, ellos no son eso pero es lo que te dicen que eres, debes sentir orgullo del malandro, esa es nuestra cultura, otra máscara más. Una señora mayor llega coloca sus cosas cuidadosamente en el piso, se coloca una peluca y comienza a bailar el Hip Hop de la calle, de pronto eso tiene más sentido, todo es un sinsentido esa es su lógica. En lo que divisa a otro, sentado desde hace rato en el piso en el centro de la plaza, sale corriendo a su encuentro, pero este pronto le indica que no es la misma locura la que los lleva a esa plaza.

Otras paredes hablan del amor, en el aire se respira la esperanza de que lo que se desangra a borbotones en algún momento muere, mientras tanto ponte la máscara, que nadie sepa que esperas por algo mejor, “solo el amor detiene el odio” mientras tanto el disfraz póntelo. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La última vez que vi al bardo



La última vez que lo vi estaba sentado en un banco en la plaza, parecía profundamente abstraído mirando sin mirar la gente en su distraída cotidianidad. Cuando le toque el hombro pude darme cuenta que lloraba, ingentes cantidades de lagrimas corrían por su rostro. Le pregunté por qué lloraba y me respondió tajante con un brillo en los ojos – Porque el mundo es hermoso y triste al mismo tiempo. En ese momento quise llorar también y no pude, y pensé este es un verdadero hombre, uno que sepa llorar por todos los hombres es un hombre de verdad, me encogí, me sentí diminuto.
Algo en mi corazón me decía que no lo volvería a ver, había algo de definitivo en el aire, una sensación de suspenso como cuando vez una taza de café al borde de la mesa y piensas – se va a caer. Los recuerdos de una intensa juventud se venían en tropel a mi mente, sentía algo de fiebre y me parecía que mis pensamientos se aproximaban con velocidad a un precipicio, al límite de la sensación, al límite de sentir algo que no sé que es pero que tiene algo de familiar, de tristeza olvidada.
Fuimos como hermanos, quizás más, éramos amigos. Solíamos encontrarnos en el bar del boulevard y de ahí luego de unos tragos decidíamos que hacer, nunca un plan, siempre un anti plan. Nos montábamos en el carro e hipnotizados por las amarillas luces de la ciudad, íbamos gritando canciones de libertad y pescando a cualquier amigo que se encontrara en el lugar. A veces si andábamos bien animados buscábamos los instrumentos a pilas (tremendos juguetes) y nos íbamos a tocar a la playa hasta que amaneciera. Como quisiera haber grabado esas locas sesiones, que en sus momentos más intensos me daba la impresión de estar dando un concierto para duendes, miraba para atrás y no veía a nadie.
A veces terminábamos en casa de mi mejor amiga que vivía con otro gran amigo y con una botella de ron en la mesa recitábamos a nuestros muertos, a nuestros poetas favoritos. Y pasábamos por Rimbaud, Poe, Bukowsky (este nos encantaba especialmente a esas horas por sus versos borrachos), Cortazar, Ramos Sucre, Neruda, al chino Valera y si la noche se ponía enigmática sacaba mis libros de Blake… cuando estábamos bien borrachos poníamos Sui Generis y cantábamos hasta que tocaban la puerta los vecinos.
Su madre lo odiaba (y lo amaba), trato de matarlo en un par de oportunidades por lo que ostentaba una curiosa marca en su delgado rostro que daba par a su mirada perdida. Tocábamos en su casa hasta que nos botaba y finalmente me lo encomendaba, curiosamente a pesar de que la palabra “no” casi nunca descansaba en mi boca. Siempre un guiño en sus ojos me hacía temblar, era una mujer de unos cincuenta y tantos que mantenía una belleza propia del mediterráneo que presumiblemente puso loco a todos los hombres a su alrededor en su momento de claro esplendor. Hoy tenía una sonrisa encantadora que compraba todo lo que se robaba el tiempo, y una risa loca.
Eran días de mucha cordura, no nos importaba casi nada, con unas monedas en el bolsillo hacíamos lo que queríamos, no necesitábamos más. Yo con mis posters de las bandas de rockanrol, los cassettes piratas y mi telescopio, él con la guitarra, un pincel y mucha locura en la cabeza. La suerte nos perseguía, un día soñé que me metía en una pirámide enclaustrada en una habitación de 10x10 y al día siguiente pegué un triple de la lotería. Celebramos y terminamos en un bar de prostitutas invitándoles tragos y riéndonos, pidiéndoles consejos de amor.
Luego en una noche sin luna termine en la casa de unos buenos amigos y conocí a una chica con la que estuve enamorado un buen tiempo, le escribía versos en su vientre desnudo e imaginaba que su sexo era mi casa. Esto nos separo por un tiempo, cuando lo vi de nuevo había empeñado los instrumentos para poder huir de su casa, y de su madre. Me moleste muchísimo y luego de una acalorada discusión cerré mi puño para impactar su rostro, pero no pude, sus ojos no tenían nada de bribón, solo de soledad.

viernes, 31 de octubre de 2014

La ciudad fantasma





Una semana larga, de noches de trabajo y madrugadas de rutina me pusieron en un estado letargo, con dificultad me mantenía en todos mis sentidos y una sensación de extrañeza me invadía. Una cerveza al final de la tarde del viernes terminó por extenuarme y dejarme recostado en el sofá viendo de manera hipnótica el techo de la sala.
Un sopor me levantó de sobresalto, una anormal sudoración empapaba mi camisa y mi rostro. Una iluminación extraña entraba por la ventana, ya llegada la noche esta era la única fuente de luz en la sala. De un ocre pastoso esta luz se pegaba a mi piel dejándola ver fría y enferma, un húmedo estremecimiento me recorrió toda la espalda. Para no pensar en esta situación me puse la chaqueta que apenas llegado a casa deje al lado del mueble y salí a la calle.
La calle lejos de darme la tranquilidad de lo acostumbrado se mostraba conocida pero extraña, los colores, las formas parecían las habituales pero ligeramente diferentes, lo que me inquietaba algo más de lo que sentía en casa. Sombras de personas parecían ser más sólidas que sus cuerpos reales. Esta luz ámbar de los postes de luz patéticamente penetraba los cuerpos en la avenida.
Lo mas aterrorizante era la oscura vitalidad de los edificios de mi cuadra, sus portales mostraban expresiones que iban desde la sonrisa torcida a un lamentable rostro de dolor. La luz interna un poco más brillante que la opaca versión del exterior parecía pesada, se derramaba sobre el piso como si fuese de un líquido espeso. Lloraban o reían, era espantoso.
Ya en la plaza los borrachos vendedores de estampas y cuadros de Jesús se colocan en sus lugares de abandono. Ya no venden nada pero ostentan su mercancía como un mantra del absurdo, que hace juego con los ojos vidriosos que los acompañan. Parecieran estar bebiendo pero con esa rara sensación de que la droga no hace falta, ya están en otro lugar, es la botella la que da la acción y no a la inversa.
Unos pasos mas allá me encuentro en un oscuro parque que ostenta una extraña naturaleza, este me lleva al patio trasero de una casa por donde me asome desde una pequeña ventana. Lo que vi me produjo un inaudible grito, una opípara cena, sus comensales vestidos elegantemente pero a la usanza antigua, sobre la mesa desordenando los lujosos cubiertos y platos un par de musculosos perros negros observaban amenazantes a los participantes de la cena. Con horror en los ojos abandoné la escena con miedo de que me hubiesen escuchado.

lunes, 29 de septiembre de 2014

La Libertad del Bardo




Pasos y pasos por la ciudad, veo mis zapatos y pienso en el poema que leí hoy tratando de darle sentido a lo que veo. ¿Cómo interpretar mis pasos como míos? ¿Estoy aquí o en ese poema en mi mente? He llegado a la parada, me siento y cierro los ojos. En la oscuridad me veo, siento mi inmensidad y mi incomprensión por mis piernas aumenta, existo más allá de ellas, ver esto es mi libertad.
Nuevos anuncios económicos en la t.v. pública y viendo a un presidente hablando me hace pensar en que siempre son ellos contra nosotros, ellos son el estado, lo estático, nosotros la sociedad, lo dinámico destinados a esa eterna dialéctica. Pienso en la imagen de medio cuerpo con un micrófono entre manos y rápidamente lo transformo en un borroneo del rostro, imagino que esta imagen esta en la prensa, imagino que recorto esta imagen, la raspo con una moneda y le quito el rostro, este es el rostro de todos los rostros de nuestros carceleros, de los estandartes de lo estático. Pienso que esa imagen mental es mi libertad y lo imagino con un rostro montado de Mickey Mouse pero pudiera ser cualquier nimiedad porque ellos en sí mismo no existen solo son una representación del poder, para poder existir en él a él se deben.
Entro en el metro en hora pico (hora en que todos salen, la misma para que los prisioneros nos acostumbremos a nuestras cadenas), todas las caras, todos los olores se me hacen abstractos, los desnudo en mi mente y pienso que no somos tan hermosos o atractivos como creemos, pero es una manera honesta de apreciar nuestra belleza, no somos los cánones que nos venden, desnudarlos en mi mente me libera de esta ficción, de la tentación de creer que podemos ser la propaganda de cerveza o cigarro o peor aún la de alguna aseguradora. Los veo agotados y mal apretados en sus ropas y me imagino corriendo desnudo por los cacaotales de Sepe; pensarme así es mi libertad.
¿Cómo interpretar nuestra realidad? ¿Cómo entender nuestro presente? ¿Es real o es otra jugada más de la alienación de darnos algo que suene cierto para tranquilizar nuestro ego, darle confianza en que puede ser algo limitado como un concepto? La alienación es el sistema que nos permite expresarnos, existimos fuera de él pero para existir debemos actuar y para ello nos servimos del sistema. Nos persigue la alienación como la sombra caprichosa de Peter Pan o quizás es al revés, esa materialización es nuestra ficción y nosotros somos la sombra que danza alrededor de la idea de nosotros y lo que imagina los demás que somos. Esta parece ser nuestra cárcel más férrea, escapar de lo que los otros piensan de nosotros puede dejar a cualquier mago fuera de acción. Esa es la verdadera prisión, los otros.
Converso con un amigo de los peligros de lo estático y me dice que no me preocupe que vamos caminando, que estamos en un proceso, y con esto me señala la otra prisión de los bardos: la esperanza de la movilidad de la sociedad. De ser esto cierto no hubiese expresiones como estamos en 2014 y todavía pasa…, podremos estar en el 2099 y tendremos los mismos problemas de 1400 porque la solución, la felicidad, el problema, la meta no esta afuera eres tú; pensarme una persona, saberme ajeno a la sociedad es mi libertad.
Primera hora en la oficina y no estoy, nunca estoy en mi mente, me pregunto donde andaré, quizás un cometa nos impacte y ya no tenga que pensar al respecto… Y aparece la imagen de ese cometa estrellándose sobre mi ciudad arrasando con una nube de fuego y ceniza toda evidencia de civilización. Se quemará la tierra y comenzara todo de nuevo, pensar en esa destrucción es mi libertad.

Jorge Mitzuro Da Silva Hernández.